©Esko Jaakkola
FINLANDIA

Perdiz nival

Lagopus mutus
Riesgo: Preocupación menor (UICN)

Endémico de los Alpes, esta ave prefiere las cimas rocosas, pero, por el cambio climático, su hábitat ha sido invadido por vegetación de menor altitud, lo que afecta la temporada de migración y periodo de reproducción de la especie. Varias áreas protegidas creadas en Finlandia ayudan a su conservación.

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El perdiz nival habita en las cimas de las montañas de la tundra euroasiática (en los Alpes y en los Pirineos) y norteamericana y se alimenta principalmente de bayas, brotes de hojas e insectos. Esta especie tiene varios trucos para sobrevivir al frío clima del Ártico: tiene plumas en las piernas y en los pies para mantenerlos calientes, algo así como ¡calentadores de patas de pájaros o botas! Este lagópodo alpino cambia su plumaje a blanco durante el invierno. Puede ser también marrón o negro con manchitas blancas en las otras épocas del año. También cambian de color para burlar a sus depredadores y aunque pueden volar, permanecen en el suelo la mayor parte del tiempo, en donde construyen madrigueras acogedoras que pueden tener hasta 30 centímetros de profundidad, que se mantienen cálidas y cómodas ante las frías temperaturas de la superficie.

La población europea se estima entre 12,000 y 26,000 pares de aves y se calcula que sus poblaciones han disminuido hasta en un 30 % en los últimos 12 años. En Finlandia, donde solo se encuentran en las colinas más altas del norte de Laponia, la población de esta especie se estima en 4,000 a 9,000 parejas.

Este pájaro prefiere las cimas rocosas, pero, por el cambio climático, su hábitat está invadido por vegetación de menor altitud (así como arbustos leñosos), lo que ha resultado en la pérdida de hábitat de la especie y ha afectado la temporada de migración y su periodo de reproducción. Otras amenazas para esta especie son la caza excesiva, principalmente en primavera y los disturbios humanos durante la temporada de reproducción, provocados por el desarrollo de instalaciones turísticas.

Ante este panorama, el establecimiento de áreas naturales protegidas puede amortiguar el impacto del cambio climático y proteger a la especie.

Perdiz nival

Lagopus mutus
Riesgo: Preocupación menor (UICN)

©Esko Jaakkola
FINLANDIA

Endémico de los Alpes, esta ave prefiere las cimas rocosas, pero, por el cambio climático, su hábitat ha sido invadido por vegetación de menor altitud, lo que afecta la temporada de migración y periodo de reproducción de la especie. Varias áreas protegidas creadas en Finlandia ayudan a su conservación.

El perdiz nival habita en las cimas de las montañas de la tundra euroasiática (en los Alpes y en los Pirineos) y norteamericana y se alimenta principalmente de bayas, brotes de hojas e insectos. Esta especie tiene varios trucos para sobrevivir al frío clima del Ártico: tiene plumas en las piernas y en los pies para mantenerlos calientes, algo así como ¡calentadores de patas de pájaros o botas! Este lagópodo alpino cambia su plumaje a blanco durante el invierno. Puede ser también marrón o negro con manchitas blancas en las otras épocas del año. También cambian de color para burlar a sus depredadores y aunque pueden volar, permanecen en el suelo la mayor parte del tiempo, en donde construyen madrigueras acogedoras que pueden tener hasta 30 centímetros de profundidad, que se mantienen cálidas y cómodas ante las frías temperaturas de la superficie.

La población europea se estima entre 12,000 y 26,000 pares de aves y se calcula que sus poblaciones han disminuido hasta en un 30 % en los últimos 12 años. En Finlandia, donde solo se encuentran en las colinas más altas del norte de Laponia, la población de esta especie se estima en 4,000 a 9,000 parejas.

Este pájaro prefiere las cimas rocosas, pero, por el cambio climático, su hábitat está invadido por vegetación de menor altitud (así como arbustos leñosos), lo que ha resultado en la pérdida de hábitat de la especie y ha afectado la temporada de migración y su periodo de reproducción. Otras amenazas para esta especie son la caza excesiva, principalmente en primavera y los disturbios humanos durante la temporada de reproducción, provocados por el desarrollo de instalaciones turísticas.

Ante este panorama, el establecimiento de áreas naturales protegidas puede amortiguar el impacto del cambio climático y proteger a la especie.

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